Confieso que soy un maniático. Un jodido maniático hipocondríaco que odiaría si no fuera yo. Admito también que muchas veces me encanta llevar la razón, ganar en las apuestas y rozar la perfección. Pero tengo una amiga. Y también la odiaría si no lo fuera. Aunque tiene una manía. Y es que siente grima por las etiquetas.
